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Praia de Mar de Fora

O Camiño dos Faros llega a la Praia de Mar de Fora, a espaldas de la villa de Fisterra. Desde las antenas del Cabo da Nave vemos el último acantilado, la última playa, el último monte y, allí detrás, llegaremos al último faro.

Salimos de las antenas por un pequeño tramo de carretera que pronto dejamos por un desvío a la derecha. Los Acantilados de Corticeiras son también tenebrosos y caen abruptamente al mar. Menudo etapón de acantilados que llevamos, cada cual más salvaje.

Los atravesamos por su parte superior, por un sendero fácil y sin ningún peligro, mientras vemos a lo lejos O Centolo.

Desde allí y a través de una bajada con fuerte pendiente, llegamos a la playa.

Con sus quinientos metros de longitud y algo más recogida que las anteriores, La Praia de Mar de Fora no deja de ser una playa orientada al mar abierto, ideal para pasear y respirar ese fresco olor que lo inunda todo, pero muy peligrosa para el baño.

La alegría por tener la meta tan cerca nos hace aflorar todos nuestros sentimientos. Disfruta…

En todas estas playas encontraremos pescadores de caña locales en busca de las afamadas robalizas. Cruzamos la playa para coger la pasarela de madera que nos acerca al pequeño merendero…

…y de allí, por el camino empedrado, al Bar da Insua, donde hacemos la última y necesaria parada de avituallamiento de O Camiño dos Faros. Este bar es de esas pequeñas cosas que tanto nos gusta a los trasnos darle vida. Podéis ver el mural realizado por Teresa Candal y, aunque las ansias por llegar son muchas, vamos a descansar y agruparnos para llegar todos juntos al final, el mítico Faro Fisterra.

Praia de Arnela

Ya falta menos para llegar al Finis Terrae, el final de nuestro camino y este tramo recorre la costa que va desde Monte Castelo hasta la Praia de Arnela, la más occidental de Galicia.

Salimos del Monte Castelo para recorrer los desconocidos Acantilados da Arnela, que no tienen nada que envidiar al resto de la etapa…

… sendero irregular sobre el mar, que rompe con fuerza en estas rocas.

Después de recorrer todo el acantilado, llegamos al Bosque da Arnela, única sombra de toda la etapa y un buen sitio si necesitas una parada.

La Praia de Arnela, completamente aislada y bastante protegida, aparece como un remanso de tranquilidad entre los acantilados de Punta Castelo y el Cabo de la Nave. Rodeada de un hermoso complejo dunar, es una playa muy peligrosa para el baño.

Praia do Rostro

La Praia do Rostro es otra maravilla salvaje de esta Costa da Morte. Una oda al mar, a la salitre y al aire puro… un completo lujo para los sentidos en estos casi dos kilómetros de playa. Abierta al Oceáno Atlántico, el constante viento que allí golpea durante buena parte del año ha formado un extenso sistema dunar, con alturas importantes y llenas de vegetación, lo que en algunas épocas del año le da un colorido que lo cubre todo.

Cruzamos los casi dos kilómetros del Rostro por la orilla del mar, sin prisa y disfrutando cada paso del paraíso que tenemos tan cerca.

El viento fuerte y el mar furioso trabajan continuamente la arena ofreciéndonos, en invierno sobre todo, imágenes sorprendentes.

También del mar nos llega este pato de madera, totalmente colonizado por percebes… Son Lepas anatifera, también llamados falsos percebes, que se adhieren a cualquier objeto solido flotante que esté en el océano.

Disfruta del paseo por la arena, escucha el ruido de este mar que en pocos sitios escucharas rugir como lo hace aquí… O Camiño dos Faros, una sensación en cada paso.

Las rocas del final de la playa son el lugar elegido por los trasnos para el primer avituallamiento de la jornada. En esta etapa sólo tenemos sombra en el pequeño bosque que hay antes de la Praia de Arnela, pero para eso aún faltan más de 3 kilómetros. En las rocas y con la brisa del mar, reponemos energías para continuar camino.

Panorámica 360º de la Playa do Rostro

Praia de Nemiña

Situada en un entorno privilegiado con la Ría de Lires, la Praia de Nemiña es el final de esta séptima etapa que había sido, por sus desniveles, la más dura del camino.

La Playa de Nemiña se encuentra al sur de Cabo Touriñan. Apta para la práctica del surf, existen varias escuelas que dan clases durante el verano. Además es buen sitio para pescar, con unas lubinas de las mejores de la zona.

A la izquierda de la playa desemboca el Río Castro en la Ría de Lires, formando un paisaje de gran belleza.

Rodeando al arenal, unas imponentes dunas completan este paraíso de Nemiña

Los únicos servicios en la playa son los dos bares que se encuentran en cada extremo y que son el soporte perfecto para disfrutar de este entorno.

En el grupo había sensaciones encontradas. Por un lado, estábamos muy contentos porque sólo nos quedaba una etapa para llegar al Cabo Fisterra, al igual que muchos viajeros durante siglos, pero nosotros íbamos a llegar por el lado salvaje: por el Camiño dos Faros. Sin embargo también algo de tristeza se respiraba en el ambiente…se acercaba el fin de una aventura que no queríamos que acabase nunca.

Praia de Moreira

Por fin llegamos a la Praia de Moreira, una hermosa cala de bolos y arena, donde vamos a hacer una pequeña parada para descansar.

Ya habíamos pasado el tramo más duro de la ruta, diez kilómetros sin tregua en los que parecía más que estábamos en una cordillera que haciendo una ruta por la costa.

Desde aquí vemos la inaccesibilidad de la Ribeira de Viseu. Estos grandes acantilados son los que hace nimposible que nuestro camino se acerque más a la costa, obligándonos a bordearlos por sus cumbres.  Por una parte es una pena, pero por otra asegura la perfecta conservación para siempre.

Y la playa de Moreira es un oasis en este mar de  rocas.

Las gaviotas saben de esta tranquilidad y se toman un descanso en sus viajes como lo estamos tomando nosotros…

… antes de dirigirnos al siguiente punto de nuestro camino: Touriñán.

Cuño

El Coído de Cuño es el SPA de los trasnos. Situado al final del prado, el regato que baja es un regalo en esta etapa después del tute de que llevamos. Nos sacamos las mochilas, preparamos el avituallamiento y toca relajarse un poco…

Este Coído de Cuño, lleno de bolos de todos los tamaños, es de gran interés geológico y su origen puede proceder de depósitos cuaternarios, aunque otros autores señalan que puede ser debido a una terraza marina.

Con el Prestige, todas estas rocas quedaron cubiertas de una pasta negra de fuel imposible de sacar, y de la que aún podemos ver algún resto. Tanto aquí como en Moreira los científicos ensayaron varios métodos de biorremediación, proceso que utiliza microorganismos que eliminan esa contaminación.

No sabemos si en el cuaternario había jamón, pero nosotros sí que necesitamos biorremediación. Ahora y aquí toca avituallamiento. Saca la navaja, corta la barra, mete el jamón, queso y tomate…y para adentro. Como veis, los trasnos no nos complicamos mucho la vida, pero comer comemos… 😉

Mientras le damos al bocata y relajamos los pies en las pequeñas cascadas de este riachuelo de Cuño, pensamos otra vez en la suerte que tenemos. Como nos pusieron los sitios perfectos para disfrutar al cien por cien de esta aventura.

Pero el descanso en esta etapa no puede durar todo el día y, después de este rato de relax, tenemos que ascender por los bosques al Monte Pedrouzo, de 269 metros. Tened mucho ojo, porque desde el regato de Cuño hay que meterse hacia el interior, no sigáis la costa acantilada porque es imposible.

Praia de Lourido

La Praia de Lourido, de forma de concha, es de arena muy fina y, aunque suene a tópico, tiene las aguas de un color turquesa que da gusto mirarla. De todas formas, tened cuidado ya es una playa peligrosa para el baño.

Bajamos a la playa por un camino irregular que tenemos que estar muy atentos a no resbalar, constante que se va a producir en toda esta etapa de subidas y bajadas de fuertes pendientes.

Las dunas que rodean la playa, del tipo dunas marítimas atlánticas, están llenas de vegetación y van ascendiendo por el monte hasta casi la aldea de Lourido.

Este emplazamiento ha sido el elegido para construir el Parador de Muxía.

Atravesamos toda la playa por el lado más cercano al mar disfrutando de otra mañana en este relajante camino.

Al llegar a la pista que conduce al parador, cogemos por una senda que bordea la costa, a través de pequeñas plantaciones de maíz y estrechos caminos de pescadores.

Así llevamos al Coído da Agra, desde donde iniciaremos el ascenso al Monte Cachelmo.

Praia do Lago

La Praia do Lago es una de las más bonitas de la Costa da Morte, con un frondoso pinar que se convierte en verano en el centro turístico del municipio.

Además de su belleza, la existencia del Río Lago que desemboca tranquilamente en la playa la hace un lugar muy recomendable para las familias con niños, que encuentran allí la tranquilidad que no pueden tener en otras playas.

Aquí aprovecharemos y haremos una parada grande, para darnos un chapuzón y tomar un refresco en los bares del pinar.

Al principio de la playa nos encontramos con otro faro de nuestra ruta que, aunque pequeño y de menor orden para el tráfico marítimo, marca la desembocadura del Río Grande. Su situación, en una punta entre las dos playas y con unas vistas magníficas, nos trae a los trasnos muy buenos recuerdos.

Bajamos del faro y aprovechamos ese lado de la playa para refrescarnos un poco, pero con mucho cuidado. Cuando haces una etapa tan larga en verano, tienes que ir metiéndote en el agua muy poco a poco y mojando muñecas y nuca. Si no, el cambio de temperatura tan brusco puede ser un problema.

La Praia do Lago cuenta con hostales, restaurantes y campings, perfectos para pasar unos días en plena naturaleza.  Después del baño, un refresco rápido y de vuelta al Camino. Nos quedan aún 8 kilómetros para llegar a Muxía y 11 para finalizar la etapa, unas tres horas a paso de trasno a través de tranquilas playas y pequeño pueblos rurales.

Salimos de la playa cruzando el puente sobre el río Lago.

 
Antes de llegar al camping Lago, nos metemos a la derecha por un sendero, que normalmente está bastante lleno de silvas, camino de Merexo.

Praia de Leis

Después de andar algo más de 1 kilómétro por los pinares llegamos a la Praia de Leis.

Tomamos la pista hacia la derecha y bajamos hasta la playa, donde tenemos unas vistas panorámicas de toda la ría. Curiosamente, Camariñas parece más cerca que Muxía, cuando es todo lo contrario… una ilusión óptica que no nos hace gracia.

Al bajar a la playa de Leis, la tranquilidad de sus aguas cristalinas invitan a darse un chapuzón. Es una opción, pero casi mejor llegar primero a Lago, donde nos daremos un merecido descanso.
 
 

Desde el medio de la playa arranca el sendero por el pinar que nos lleva hasta el faro de la Praia do Lago. Es un camino algo complicado pero es el único y si sigues las huellas de los trasnos no tendrás problema. Ten mucho ojo y no intentes alcanzar el faro por las rocas, porque no es posible.

Después de caminar por encima de estos acantilados de Leis llegamos al faro. 

Praia de Area Grande

Al llegar a la Praia de Area Grande, tenemos dos opciones. El camino va por la pista paralela a la playa pero, si es marea baja, podemos bajar a la orilla y disfrutar de este arenal y la desembocadura del Río Grande.

Las ganas de volver a nuestro espacio natural eran muchas. Estábamos deseando escuchar el mar y ver las olas que nos van midiendo los pasos en este Camiño dos Faros.

¿Os acordáis de la lancha que veíamos desde la playa de Ariño?. Habíamos tenido que hacer ocho kilómetros para volverla a encontrar, pero aquí está, en el mismo sitio de por la mañana, ahora ya con la marea alta.

El arenal está lleno de conchas de almejas y berberechos. En el medio de la playa tienen su caseta los mariscadores, que cultivan cada parcela de la desembocadura. 

En esta Praia de Area Grande también acabaron sus días estas pequeñas embarcaciones después de navegar por el Río Grande.

Al final de la playa, el camino continúa por un sendero que nos va a llevar hasta Leis.