El Descubrimiento: Laxe – Arou

Después de descansar en Laxe, el domingo 23 de Diciembre quedamos todos para desayunar en el centro del pueblo. Volvían Fran y Luisa, que habían hecho las primeras etapas.

Arrancamos por la rampa de la iglesia de Santa María de la Atalaya, desde la que teníamos una amplia panorámica del puerto pesquero, para continuar por las últimas casas de Laxe y comenzar a costear. Este tramo ya es una ruta homologada que recorre toda la Insua y que nosotros utilizamos tal cual.

Así llegamos al faro, desde donde íbamos a tener la última visión de todo lo que habíamos hecho las anteriores etapas por la ría. Al lado del faro, la escultura de A Espera, en homenaje a las mujeres luchadoras de todos estos pueblos.

Hacía bastante viento del sur, y eso lo empezamos a notar al pasar el faro. Cuando estábamos atravesando los acantilados, la espuma  del mar batiendo nos hacía pensar que estábamos en el medio de una nevada.

La Praia dos Cristais era nuestro siguiente punto y no nos dejó indiferentes. El vertedero de botellas existente en la zona durante años provocó que estos cristales fueran cayendo una y otra vez al mar. Pero la naturaleza es caprichosa  y, con el tiempo, el mar devolvió todos esos cristales pulidos, formando una verdadera obra de arte.

Al salir de la playa no teníamos ni idea por donde continuar, nosotros queríamos costear pero era imposible. Tomamos a la derecha del cementerio y costeamos un poco por Baleeira hasta que nos dimos cuenta que era imposible continuar. Nos metimos hacia el interior, pero Nemiño no estaba contento… aquel picacho que veíamos teníamos que poder llegar… y allí se fue con Fran.

El resto del grupo continuo hasta coger la pista de tierra por la que bajamos a Soesto. ¿Y éstos? ¿Dónde estarán?. Cuando llegamos a la playa, allí arriba estaban. Habían conquistado el Peñón do Castro…

Después de 10 minutos buscando la manera de bajar a la playa aparecieron cansados pero alucinados. Las vistas panorámicas desde aquel alto eran espectaculares.

Ya estábamos en Soesto. Estaba claro que otra vez el paisaje estaba cambiando y la perspectiva que teníamos del resto de la etapa auguraba grandes emociones. Paramos en el merendero para dar cuenta del primer bocata de la jornada. 

 

 

El Descubrimiento: Neaño – Laxe

El sábado 22 de diciembre volvíamos al Camiño dos Faros. Por diversas circunstancias, algunos de los trasnos no podían venir y continuamos nuestro viaje Xiña, Nemiña, Traski y los dos perros, Xorxa y Tolo.

Hoy nos tocaba la costa de Cabana y no teníamos ni idea como atacarla. Pero la primera mitad de la etapa estaba clara. Salimos por la Senda do Anllóns, un pequeño paseo que recorre toda la desembocadura del río.

Allí nos encontramos por primera vez a José Luis Rabuñal, reputado ornitólogo que conoce mejor que nadie todos los secretos de este estuario. Nos paramos un rato a conversar con él y le contamos lo que estábamos haciendo. A él todo lo que sea divulgar con respeto esta zona de la Costa da Morte le parece estupendo. Y nos dió mucho ánimo para continuar. Como bien sabéis, José Luis se convirtió en pieza clave de esta etapa en las posteriores ediciones del Camiño dos Faros.

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Una vez llegado a As Grelas, tomamos la ruta del Rego dos Muiños que, después de todo el otoño y los días de lluvia, estaba llena de agua, formando unas cascadas y un sonido que nos atrapaba entre tantas hojas… Y, en el medio, los molinos de agua. Esto cada vez, estaba siendo más alucinante. Había de todo…

Y asi, llegamos al Castro de Borneiro, que era el lugar elegido donde le dimos a las viandas que llevábamos. Así, pensando en nuestros ancestros, ya estábamos metidos en la ruta. Desde allí al Dólmen de Dombate había que cruzar Vilaseco, aldea con unos hermosos hórreos que flanqueaban el camino.

El Dólmen de Dombate es la catedral del megalitismo gallego con sus más de 5000 años. Visitamos la réplica, nos metimos dentro y nos sorprendió el enorme tamaño que tenía. De allí nos fuimos a ver el de verdad, rodeado de ese edificio tan grande que asusta. Dimos la vuelta de rigor a su alrededor y continuamos nuestro camino.

La idea era bajar hasta la costa de Canduas directamente desde Fontefría. Pero el camino que aparecía marcado, no existía y nos metimos en una silveira que nos acercó a Ures y de ahí, a Canduas, 

Ya estábamos otra vez en el punto de partida de As Grelas. Ahora venía lo desconocido, no teníamos ni idea como atacar esta costa. En principio, había marea baja de todo y, después de pasar por la última de las carpinterías de ribeira, llegamos a la playa de As Maceiras, justo en la desembocadura del Río Anllóns, enfrente de la barra.

Decidimos seguir costeando y pudimos alcanzar la Praia de Area das Vacas por unas rocas difíciles de caminar. Las vistas de la Ría y de Corme eran espectaculares, pero el camino desde la Punta de Padrón estaba totalmente cerrado. No nos quedó más remedio que adentrarnos en el bosque para llegar así a la Praia de Rebordelo.

La Praia de Rebordelo era un oasis en esta costa escarpada. Hicimos una pequeña parada de avituallamiento y, después de atravesar la cascada que bajaba hermosa, continúamos nuestro camino por la costa hasta San Pedro. 

A partir de allí, el camino que va a la Punta do Cabalo estaba cerrado, por lo que subimos hasta el pueblo y, de allí, por la carretera hasta Laxe, donde llegamos de noche. Una etapa con mucha diversidad que también nos había encantado.

El Descubrimiento: Corme-Neaño

Estábamos en el tercer día de exploración a punta de salir de Corme, cuando nos dimos cuenta de que no teníamos víveres para el día. Era domingo y, después de preguntar, nos enviaron a una pequeña tienda en Corme Aldea que nos surtió de lo necesario para poder hacer la etapa. Lo nuestro siempre es sencillo: bocatas variados, mandarinas, unas tabletas de chocolate, agua…y a tirar millas.

Era bastante tarde cuando salimos de Corme pero la etapa que teníamos era bastante sencilla y ya conocida por la mayoría de nosotros.

Pasamos por la playa del Osmo y de la Ermida antes de llegar a la Pedra da Serpe, cruceiro en cuya base tiene una serpiente esculpida, símbolo del mal en toda esta comarca de A Costa da Morte.

Desde allí, tomamos la pista de tierra que nos llevaba por el Monte da Facha, con unas vistas impresionantes de toda la ría.  Así, poco a poco, llegábamos a Valarés.

Una vez pasado Valarés, el paisaje cambia completamente. No sabíamso como íbamos a trazar la ruta por Monte Blanco, así que al llegar a un pequeño mirador existente, sacamos las viandas e hicimso el primer avituallamiento, dejándonos llevar por la panorámica que teníamos ante nosotros: la desembocadura del Anllóns con la playa de la Barra y la Tiñosa eran es escenario perfecto para ello.

Decidimos no subir al mirador de las antenas. O Camiño dos Faros va siempre que puede por el borde del mar y, aunque las vistas desde el mirador son fabulosas, las que existen desde este mirador más abajo tampoco están tan mal. Nos ahorrábamos la subida y podíamos cruzar las dunas de Monte Branco, un kilómetro en el interior de este paisaje desértico que nos confirmaba aún más lo que ya sabíamos: que este Camiño dos Faros es un paisaje en cada paso.

Por el Malecón do Couto llegamos a Ponteceso y, como aún eran las 4 de la tarde y nos quedaban un par de horas más, decidimos continuar camino de Neaño.

Por el borde de la ría, pisando miles de piedras resbaldizas, conseguimos llegar a la playa de Urixeira, donde acabamos este primer fin de semana de exploración.

Ya estábamos todos enganchados a esta ruta y quedamos todos en vernos para la siguiente semana y continuar la aventura…

El Descubrimiento: : Niñóns – Corme

Arrancamos este segunda día del viaje de exploración desde Niñóns donde, en principio, no podíamos seguir por la costa. Salimos en dirección a la aldea y tomamos la carretera que nos lleva hasta el Puerto de Santa Mariña.

Desde allí pudimos comprobar el tramo de Punta Nariga, realizado a última hora el día anterior e intuir por donde lo habíamos cruzado. Mirando hacia la playa de Niñóns también nos parecía imposible unirla con este Puerto de Santa Mariña. Retrocedimos sobre nuestros pasos y subimos hasta la Virxe do Faro. Desde allí, las vistas eran impresionantes y podíamos contemplar la Ría de Corme y Laxe y todo lo que nos quedaba por andar en las siguiente etapas.

Alguno de los trasnos subió a la torre y otros quedaron preparando los bocadillos, que ya era hora de meterse algo en el estómago.

Desde el Faro fuimos por la carretera hasta Guxín y de ahí al Parque Eólico. Ni que decir tiene que este principio de la etapa no nos estaba gustando y que seguramente tendría mucho margen de mejora.

Ya estábamos en el saliente que forma el Roncudo. Allí, a la derecha, veíamos la Barda y al fondo, Punta Nariga. Sabíamos que por aquí había un petroglifo pero no lo teníamos localizado. Casualmente, nos encontramos con dos personas que parecía buscaban algo.

Una de las casualidades del camino. Eran el investigador Manuel Gago y una amiga, que estaban también buscándolo. Entre todos y con las notas existentes en diversas publicaciones, logramos dar con él. Era el petroglifo de A Campaíña, una gran piedra en forma de abrigo, desde el que se contempla toda la ría. Sin duda, un lugar estratégico para los habitantes de estas tierras durante los siglos. Les comentamos lo que estábamos intentando hacer y les pareció una buena idea.

Por el parque eólico llegamos a la aldea de O Roncudo, espectacular aldea de piedra que durante épocas estuvo totalmente aislada. No teníamos ni idea como continuar por la costa, aunque desde la aldea parecía casi imposible.

Así que la atravesamos  intentando desde los últimos eólicos, alcanzar el faro, pero fue misión imposible. Mientras algunos trasnos quedaron subiendo y bajando cortafuegos en busca del buen camino, los otros tomaron el camino que, a través de Candelago, los llevaba al mítico Roncudo, donde nos reunimos todos para ver la puesta de sol y despedir así esta segunda etapa de nuestra aventura por la Costa da Morte.

Nos acercamos al pueblo para disfrutar de una cerveza y comentar las anécdotas del día. Había sido un día difícil, con mucho tramo de carretera y apenas al borde del mar. Estábamos cansados pero el ánimo seguía intacto. Continuaríamos el día siguiente.

El Descubrimiento: Malpica – Niñóns

El 7 de Diciembre del 2012 salíamos 6 trasniños y 2 perros de Malpica, con un único propósito: unir Malpica con Fisterra por el borde del mar.

Teníamos claro que no iba a ser un viaje cualquiera. Sabíamos llegar hasta San Adrián, pero lo que nos íbamos a encontrar a partir de allí no lo teníamos nada claro.

Después de San Adrián, nos metimos en los caminos de pescadores que recorren toda esa punta. A duras penas, conseguimos llegar a Beo, donde hicimos la primera parada de avituallamiento. Como a todos los trasnos que empiezan, la sensación de aventura ya estaba metida en el cuerpo.

Atravesamos Beo y nos dirigimos por el borde del mar hasta la playa de Seiruga, atravesando caminos cerrados por el toxo y que hoy ya forman parte del Camiño dos Faros. Al llegar a Seiruga, nos surgió el primer problema de la ruta: había que descalzarse y pasar el río. Para unos trasnos novatos en este Camiño dos Faros, era un problema. En la actualidad, es una de las diversiones que tiene esta primera etapa.

Desde Seiruga nos dirigimos por toda la punta de Barizo hasta alcanzar el pueblo, y allí paramos en el Bar Xan. Para la siguientes ediciones, esta parada se institucionalizó, porque los trasnos hemos querido desde el principio que la gente disfrute de la ruta exactamente como la hicimos nosotros.

Después de la tapa de callos del Xan, continuamos al camino atravesando la playa de Barizo. Una vez allí, desde el puerto, nos damos cuenta de que es imposible continuar por la costa. El antiguo camino que lo unía con el Monte Nariga no existe y tenemos que buscar una alternativa.

En ese momento, fue cuando encontramos el Regacho de Nariga, que desde entonces, se convirtió en un hermoso tramo de este paseo por Nariga. Pero al llegar arriba fue cuando no tomamos la decisión correcta e intentamos alcanzar el faro en línea recta. Craso error,  en un momento nos vimos rodeados de tojos. No con poco trabajo, conseguimos salir del atolladero y alcanzar la carretera que nos llevó hasta Punta Nariga.

En este camino hacia el faro uno de nosotros se lesionó y, como aún estábamos empezando y quedaba mucho por caminar, decidió parar antes de que la lesión fuera a mayores.

Los otros cuatro trasnos se lanzaron a la aventura camino de Niñóns, sin apenas conocer el terreno y con la noche encima. Con la ayuda de un par de linternas y escuchando el ruido del mar desde unos acantilados que no conocían, consiguieron llegar a la playa de Niñóns. Fue uno de los momentos de más riesgo de este viaje de descubrimiento, por eso siempre os recomendamos que esta parte final de la primera etapa la hagáis siempre de día.

Con la sensación de la aventura metida en el cuerpo y con ganas de continuar el viaje, nos fuimos todos a Ponteceso a comer algo caliente y tomarnos una cerveza bien merecida.