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1ª Edición: Etapa 7 (Muxía – Nemiña)

El jueves 25 de Julio 65 trasniños nos pusimos a recorrer esta séptima etapa del Camiño dos Faros. Sin tiempo para reaccionar, con gente de toda Galicia anotada y 12 horas después del accidente de Santiago, decidimos no suspender la ruta. Cada uno de los trasnos decidió individualmente como dosificar las noticias que llegaban del desastre.

Llegamos a las 10 a Muxía con Autocares Pedro Pombo, que sigue colaborando con nosotros en este Camiño dos Faros.

La etapa era la más dura hasta el momento, con 23 kilómetros en un continuo sube-baja y por terrenos complicados, cruzando todos los acantilados de la costa de Muxía.

Salimos de la Playa do Coido, zona cero del desastre del Prestige y nos dirigimos por carretera a la Playa de Lourido. Como siempre, en cada momento de esta ruta siempre estamos viendo lo que dejamos atrás y lo que nos espera. Y lo que nos esperaba en esta etapa no era una broma.

Después de pasar la playa de Lourido y bordear su costa nos tocaba la primera dificultad de la etapa y la más complicada: Monte Cachelmo, 750 metros de ascensión con una pendiente media del 15% para llegar a uno de los miradores más espectaculares de esta Costa da Morte, desde el que divisamos el Faro Vilán, toda la ría de Camariñas, Muxía, Punta Buitra y el Cabo Touriñán.

A los pies del imponente Monte Cachelmo se encuentra la Furna de Buserán, escenario de una leyenda que nos habla del amor entre el trovador Buseran y la bella Florinda.

En tiempos remotos, había en la cima de Monte Cachelmo una fortaleza perteneciente a un rico caballero, padre de una hermosa mujer de nombre Florinda. Un día que el padre estaba ausente, apareció por el castillo Buserán, un joven trovador de cantigas, que quedó prendado de la belleza de Florinda, viviendo ambos una apasioanda historia de amor.

Cuando el padre vuelve y se entera encierra a Florinda en la fortaleza. Aun así, Buserán no se da por vencido y todas las noches entona cantigas para el deleite de la moza. Esto acapa con la paciencia del padre, que ordena la muerte de Buserán y, según cuenta la leyenda, es lanzado al mar de la furna.
Enterada Florinda del trágico final de Buserán, ésta enloquece y se dirige día y noche a la orilla de la furna llamando por su enamorado. Uno de esos días, a la llamada de Florinda se comienzan a escuchar desde la furna las melodías de Buserán. Y, de repente, una ola de espuma sube por el acantilado, toma la forma de Buserán y se lleva a Florinda para siempre. Desde entonces, los pescadores que faenaban cerca cuentan que podían escuchar las cantigas de Buserán, además de atribuirle la virtud de corresponder a los enamorados que vengan aquí a pedir sus deseos en un lugar con otra vista maravillosa de este tramo de costa. A la izquierda, el afilado saliente que forma nuestra siguiente etapa de la ruta: Cabo Touriñán.

Punta Buitra es otra de los salientes que tiene esta revirada costa de Muxía, a la que llegamos por la pista que atraviesa el monte, con hermosas vistas del mar rompiendo en los acantilados de Monte Cachelmo y la playa de Arnela.

Al llegar a la Punta Buitra, es otra vez el espectáculo de los acantilados lo que nos deja con la boca abierta. El monte cae abruptamente formando varias puntas donde el mar no para de romper llenándolo todo de espuma.

Es una pena que no exista un pequeño sendero que recorra la otra cara de Punta Buitra y la ensenada de Cuño hasta llegar a Moreira. Sabemos que el terreno no es fácil, pero sería un camino espectacular para el paseo.

Después de llegar a la punta, O Camiño dos Faros asciende hasta la cima del Monte Buitra y vuelve a bajar hasta la ensenada de Cuño, donde hicimos la parada de avituallamiento, aprovechando un regato que desemboca allí y que hace un pequeño SPA para las piernas de los trasnos.

Desde allí hay que llegar a la siguiente playa, la de Moreira, pero para ello teníamos que ascender nada menos que al Monte Pedrouzo, cima de esta etapa con 259 metros de altura. Si llevábamos una etapa de grandes subidas ahora toca la gran bajada de la etapa. Desde los más de 200 metros de altura que estábamos por los montes de Cuño bajamos al nivel del mar para llegar a la playa de Moreira, en un descenso complicado que todos hicimos sin problemas. A partir de ahí, la etapa se suavizaba camino de Faro Touriñán.

Situado más al Oeste que el propio Finisterre, el Cabo Touriñán es el punto más occidental de la Península Ibérica. Este saliente de costa de más de 2 km fue debidamente señalizado con la construcción de un faro en 1898 para guiar a las embarcaciones durante la travesía por estas peligrosas aguas.

A pesar de ello, y al igual que los alrededores de Cabo Vilán, muchos barcos han quedado sepultados en sus aguas. Durante la primera guerra mundial, los submarinos alemanes hundieron un buen número de barcos aliados.

A las once de la noche de un día de primavera de 1882, un choque entre el vapor español Irurac-Bat y el Douro inglés los lleva a pique en pocos minutos, teniendo la suerte de que otro vapor inglés pasaba por allí para poder salvar a más de la mitad del pasaje que fue llevado a A Coruña donde se pudieron recuperar.

El encanto de Touriñán no es su sencillo faro, sino la soledad que da contemplar el mar desde allí. Bajo nosotros, los acantilados con los salientes son una imagen de vértigo. A nuestra derecha contemplamos la lejana Camariñas y Muxía mientras que, si miramos al sur, avistamos por primera vez el Cabo de la Nave, el último antes de Finisterre. Ya nos queda poco para llegar a él.

Desde Touriñán bordeamos toda la costa norte del cabo hasta alcanzar el mirador y la carretera que nos llevará por Talón a la playa de Nemiña. Una etapa larga de algo más de 10 horas que para los trasnos que venimos desde Malpica ya supuso un buen reto antes de afrontar la última que nos llevará el 4 de Agosto hasta Fisterra.

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